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Mensaje votado. Responder al mensaje Voto positivo Escrito por: [Pelaos] (17:26, 9/Abr 2004)

Los Pppijos. El turno de la generación Agag

Por Eulogio P. Bueno
Después de leer el libro de Nacho Cardero y Carlos Ribagorda queda la sensación de que la política es un territorio inhóspito lleno de trampas en el que es difícil distinguir a un amigo de un traidor y en el que la ambición es la brújula que orienta a quienes se adentran en él en busca de la recompensa del poder.

Los PPijos. El turno de la generación Agag hace un recorrido por las biografías y las trayectorias políticas de aquellos jóvenes del Partido Popular que están esperando su oportunidad para el asalto definitivo a las primeras líneas de mando. Unos lo hacen desde nuevas generaciones o desde el partido, otros, desde cargos electos, pero todos tienen en Alejandro Agag a su gran valedor y a Becerril de la Sierra como palacio de invierno para sus reuniones y catapulta ideológica de su tácita conjuración.

Becerril de la Sierra es el pueblo de Madrid en el que a iniciativa de Agag se reunían estos jóvenes para discutir propuestas políticas o analizar asuntos sociales de interés. A ellas acudían lo más granado del partido, del Gobierno y del mundo empresarial; desde José María Aznar, hasta Eduardo Zaplana, pasando, eso sí, a regañadientes, por Javier Arenas, e incluso por José María Castillejo.

Estas reuniones serranas, la primera fue en Navacerrada, no sólo servían para debatir propuestas o para la elaboración de ponencias en una especie de entrenamiento para futuras responsabilidades en comisiones parlamentarias, sino sobre todo para trabar amistades con gente de responsabilidad en el partido y el gobierno y para dar la sensación de que éstos eran los elegidos por Aznar para sucederle cuando dejase la política. Duraron varios años y sólo finalizaron cuando su principal organizador abandonó España para `esconderse´ en Londres con su flamante esposa, Ana Aznar, y seguir trabajando en el Banco Portugués de Negocios.
El libro comienza con una breve sinopsis de cada una de las figuras más representativas del clan en la que se señala con ácida ironía su grado de implicación con Agag, `el líder´, y su posición en los puestos clave del PP, que posteriormente serán ampliadas en las páginas interiores. A Aznar se le define como `el valedor´, a Mariano Rajoy como `la presa´, a Lucía Figar como `la mano derecha´, a Carlos Aragonés como `la conexión monclovita´, a Zaplana como `el ministro amigo´, a Echániz, Ballesteros y Moreno Bonilla como `los discípulos´, a Moreno Bustos y Tarno como `los que se alejan´, a Gabriel Elorriaga y Carlos Floriano como `los que se acercan´, a Suárez Illana como `el gran fiasco´, a Tito Pajares y Jacobo Gordon como `la conexión empresarial´ y a Tomás Burgos, Sigfrido Herraez y Gerardo y Paco Camps, como `los fundadores´.

Para explicar la verdadera dimensión de las conexiones que ha ido trabando Alejandro Agag en su ascensión al poder, el primer capítulo está dedicado a su figura y se titula “Il capi de tutti capi”. En él se explica, por ejemplo, su amistad con Alberto Cortina y su decisiva influencia en un negocio de armas entre un jeque saudí y Antonio Oyarzabal, presidente de Santa Bárbara, que se vio truncado por la condena de los `Albertos´ en el caso Urbanor, que hacían de mediadores, y la posterior venta del Zaragozano a Barclays. También se revela su amistad con Silvio Berlusconi desde los tiempos en el Partido Popular Europeo o con el traficante de armas Abdul Arman al-Asir, lo mismo que con Alfredo Caltagirone, el italiano que casi consigue frustrar la fusión Metrovacesa-Bami.

Luego el libro se adentra en la parte frívola de Agag y sus adláteres, desde el Madrid más pijo y farandulero hasta las fiestas en Gabana 1800, discoteca en la que celebró la parte pública de su despedida de soltero -con la calle Velázquez cortada, incluida- hasta acabar en la boda tipo `Falcon Crest´ con la hija de Aznar que nos impresionó a todos los españoles. También se hace un recordatorio de su amistad con Bill Clinton y cómo le hizo de cicerone en su visita a España.

Para destacar el talante de estos jóvenes ambiciosos se contrapone su manera de hacer con la de aquellos que vivieron los tiempos difíciles de las horas bajas de AP y la llegada en avalancha de hordas políticas procedentes de las distintas corrientes que conformaban la UCD en sus estertores, que se iniciaron en las juventudes de ese partido y que han dado lugar inevitablemente a las distintas familias, más o menos reconocidas, del Partido Popular, tales como los democristianos o los liberales.

Cardero y Ribagorda aportan muchos datos desconocidos de los entresijos de las familias del PP y recuerdan otros ya sabidos, como la `enmienda Agag´, aquella de los estatutos del Partido Popular que permitía que quien hubiese tenido responsabilidades europeas dentro del partido entrase en la ejecutiva y que se hizo expresamente para que Alejandro pudiese formar parte de ella.
También se explica el proceso de ascensión en la política del valedor, José María Aznar López. Se cuenta cómo comenzó a interesarse por la política en su juventud, cómo llegó a ser diputado provincial de Ávila y después empezó a pretender el poder autonómico, para lo que se valió de una conspiración con los presidentes del partido postulándose ante ellos como el candidato preferido por Madrid en el restaurante `Tataglia´, para sorpresa posterior del secretario general de AP. Por sólo 5.000 votos de diferencia con su rival obtuvo la ansiada presidencia de la Junta de Castilla y León.

Luego vinieron las luchas por el liderazgo de AP cuando Fraga amenazaba con retirarse y las luchas con la facción liderada por Hernández Mancha, que tenía a Ruiz Gallardón como delfín. El `patrón´ tuvo que volver y en la reunión de Perbes Trillo, Rato y Álvarez-Cascos le aconsejaron que nombrase a Aznar como candidato y secretario general del partido. El gallego aceptó. Ya lo había conseguido y sólo faltaba cambiar una consonante por una vocal en las siglas del partido y ofrecer un talante más moderado y centrista.

Sobre el efímero papel político de Adolfo Suárez Illana, los autores ofrecen la teoría del utilitarismo. Se le utilizó con la intención evidente de tratar de terminar con el reinado de José Bono en Castilla-La Mancha pero con el tácito objetivo de centrar el partido, como había pronosticado en acertada frase Miguel Ángel Rodríguez con su “viaje al centro”, recurriendo al padre del candidato a la presidencia por esa comunidad, símbolo inequívoco del centro y la moderación. Su pretensión por alcanzarla fue un fiasco y no le dieron la prometida presidencia regional del partido, pero ya tenían con luz y taquígrafos la frase que pronunció Aznar en el XIV Congreso Nacional del Partido Popular al nombrar a Suárez como uno de los cinco vocales de designación presidencial de la ejecutiva: “Adolfo, bienvenido, buena mano, que sé que la tienes, y recuerdos en casa.”.

Adolfo Suárez se despidió de Aznar con cajas destempladas en una frase no menos antológica: “Me habéis engañado, presidente. Estarás contento, ya has conseguido la foto junto a mi padre, que es lo que estabas buscando desde hace quince años.”.
No se olvidan los autores de Eduardo Zaplana. El ambicioso abogado amigo de Florentino Pérez casado con una hija de Barceló que consiguió primero la alcaldía de Benidorm con la ayuda de un tránsfuga socialista y después la presidencia de la Comunidad Valenciana, antes de dar su salto definitivo al ministerio. Se relatan sus movimientos para hacerse con el control de algunos medios de comunicación, el proceso de pérdida de la jefatura del partido en Valencia y su enfrentamiento con una mujer con ambiciones ministeriales, Rita Barberá. Se hace un repaso a sus amistades de toda índole y se recuerda su capacidad de adulación sin tomar partido por nadie.

En un determinado momento el libro plantea la tesis de la existencia de varias corrientes o clanes dentro del Partido Popular, prohibidas en sus estatutos, pero que algunas fuentes consultadas por los autores confiesan abiertamente. Asimismo, algunos populares, precisamente personas del llamado clan de Valladolid que aupó a Aznar hasta la cima del poder, ven a los jóvenes cachorros reunidos en torno a la figura de Agag simplemente como “gente ambiciosa, con un estilo de vida ostentoso y sin ideología y cuya única meta es conseguir un cargo”, en clara contraposición a las antiguas generaciones que tenían objetivos muchos más nobles, como era la “centralización del partido, la liberalización de la economía y trabajar en la unidad de España”.

Las elecciones de la pasada semana han alejado a los populares del gobierno. Para los miembros del clan de Becerril quedan cuatro años difíciles y sin el padrino en el poder en los que tendrán que luchar contra la vieja guardia.

Ahora más que nunca cobra sentido la frase que pronunció Aznar en el homenaje de despedida que le ofrecieron los miembros del clan en octubre pasado, al que acudieron lo más granado del Partido Popular y del ejecutivo: “Aquí hay gente que tiene ya altas responsabilidades y el resto las tendrá en un futuro. Hay que seguir trabajando.”. A aquella cena no asistió Mariano Rajoy. Tampoco Ruiz-Gallardón
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